TOPONIMIAS CORDOBESAS - por Orencio Julio Correas

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TOPONIMIAS CORDOBESAS - por Orencio Julio Correas

Mensaje  Alejandra Correas Vázquez el Jue Mar 06, 2014 5:39 pm

TOPONIMIAS de CÓRDOBA
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(República Argentina)

“CALAMOCHITA O CALAMUCHITA”

POR
MAYOR (r) ORENCIO JULIO CORREAS


La base del sostenimiento de todos los idiomas lo constituye la escritura. Ello impide las deformaciones de los vocablos que los componen y obliga a la uniformidad de su conformación.

Los idiomas indígenas americanos adolecieron de la falta de signos ortográficos y por ello la deformación de las palabras fue lo común, pronunciándoselas según el uso o capricho de las distintas lenguas, dialectos o regiones adonde llegó su influencia.

El Quetchua o Quichua, idioma del Imperio Incaico del Perú, fue en la era pre-hispánica, al decir del eminente políglota y filólogo presbítero Dn. Miguel Angel Mossi: “el idioma diplomático entre las tribus americanas del sud, es decir, lo que es el francés en el mundo”. Por esta razón cada tribu contaba con uno o varios lenguaraces para sus entendimientos sociales, religiosos, políticos y comerciales, y por ello también los diferentes idiomas del Norte, Sud y centro de lo que es nuestro país (Argentina) introdujeron y adoptaron a los suyos respectivos más de un cuarenta por ciento, el que menos, de vocablos quetchuas.

Por esta falta de escritura, la fonética fue entonces el único medio con que contaron estas tribus para la divulgación de sus idiomas y dialectos, ya que no podrían tomarse en cuenta como escritura algunos dibujos en vajillas y utensilios diversos que muchos grupos de indígenas utilizaban para dar forma a sus ideas, o también los finos cordeles tejidos en lana de diferentes colores a los cuales se les agregaban pequeñas piedras de colores y diversos granos que, a manera de signos convencionales, usaron los incas con el nombre de “quipu”, para la transmisión o conservación del pensamiento hablado.

A esto se debe lo difícil que resulta para los historiadores e investigadores dar forma y encajar en el idioma o dialecto al que corresponden muchas palabras indígenas cuyos significados hasta hoy se ignoran, debido a las deformaciones que sufrieron.

La presencia de los conquistadores hispanos en América hizo que las tribus indígenas ya sea por snobismo o por necesidad, asimilaran o adoptaran vocablos castellanos a sus idiomas o dialectos, que ellos pronunciaban a su manera de acuerdo a la fonética que les permitía su propio lenguaje.

La B y V, no existían en casi todos los idiomas indígenas, y muy especialmente dentro de las tribus en que predominó el quetchua, de ahí que palabras que ellos adoptaron para su uso por necesidad, como ser caballo y vaca, las pronunciaban “cawallo” y “waca”.
Estas adopciones de vocablos castellanos por las tribus nativas, que como lo manifiesto anteriormente los pronunciaban de acuerdo a la fonética de sus idiomas o conformándolos al mismo, ha inducido al error a muchos reconocidos historiadores e investigadores, que los confundieron con vocablos indígenas, dándoles la interpretación que sus conocimientos de ese idioma tenían a su vez.

Esto sucede, a mi juicio, con la palabra CALAMOCHITA, convertida hoy en Calamuchita, por el uso y la costumbre.

En diferentes publicaciones (diarios, revistas, folletos, libros) siempre que se trataba de Calamuchita, han hecho o hacen aparecer este vocablo como de etimología indígena, y todos sus autores coinciden con las explicaciones dadas por el eminente historiador presbítero doctor Pablo Cabrera, entre ellas la publicada en la Revista de la Universidad de Córdoba, correspondiente a los meses de septiembre a diciembre de 1931, en su estudio “Córdoba del Tucumán. Pre-hispana y Proto-historia” del que he copiado fragmentariamente lo que se relaciona con el estudio que hace de la palabra CALAMOCHITA, para considerarla como Sanavirona (tribu provincia de Córdoba hoy extinguida por su adaptación al español) o más bien Quichua donde dice:

“Destacándose entre sus valles plenos todos los rumores y perfumes, el de Ctalamochita, por sus bosques de algarrobos y molles (mulli, muchi) cargados de racimos y de vainas de oro, mientras pendían de sus gajos como otras tantas odres de riquísima miel, los Camatis”... y al citar Ctalamochita hace una llamada donde aclara: “Léase Tala o Calamochita, es indiferente. Se trata de un vocablo cuya inicial era una consonante doble, amicha. Para el oído de los descubridores, ora sonaba C, ora T (véase el nomenclador, in verbo correspondiente).

Lafone Quevedo en su libro “Tesoro de Catamarqueñismos” dice: “Calamochita lugar en la provincia de Córdoba, hacia el Sud, visitado por Francisco Mendoza en la entrada de Roxas. ETIMOLOGÍA- Ante todo habría que determinar la lengua a que corresponde. Si es sanavirona puede tener algo de chaquense”.

Resulta que este gran investigador cuyas obras históricas y toponímicas son bien conocidas, no encuentra en la palabra CALAMOCHITA una estructura etimológica francamente indígena, siendo reconocida también su alta autoridad por sus profundos conocimientos de los diferentes idiomas y dialectos que predominaron al Norte y al Centro del país (Argentina), y muy especialmente el quichua, al que pertenecen directamente los vocablos que cita el doctor Cabrera para aseverar que Calamochita es palabra indígena, como lo he de demostrar al final de su parte gramatical de estos comentarios.

Sostengo que si estos dos distinguidos autores hubieran tenido conocimiento de que en España existía un partido y municipio denominado CALAMOCHA muy otras hubieran sido sus apreciaciones sobre este vocablo o por lo menos hubieran hecho mención a la similitud de Calamocha con Calamochita, es decir que por su diminutivo, resulta el mismo.

Los datos políticos geográficos de Calamocha son los siguientes: “DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO ESPASA: CALAMOCHA- Partido Judicial de la Provincia de Teruel – España – Limita al N. con la Provincia de Zaragoza, al E. con el Partido Judicial de Montalbán, al S. con los de Teruel y Albarracín, y al O. con la Provincia de Guadalajara. Ocupa una extensión superficial de 1291 Kilómetros cuadrados y tiene una población de 23.170 habitantes, “calamochanos”.

El “Novísimo Diccionario Geográfico Histórico Pintoresco Universal” (Año 1863) coincide con los datos anteriores y cita sus producciones, entre ellas minas de cobre en sus alrededores. La “Geografía de España” de L. Martín Echeverría – III Tomo – Año 1928 – al describir el aspecto general de Calamocha y sus alrededores dice: “El Río Jiloca corre por un valle excavado entre montañas (Cucalón y Palomero de un lado, Las Parameas de Molina y Sierra Menero del otro) cuya parte alta, donde están las vegas de Mongal del Campo y Calamocha, corresponde a la Provincia de Teruel”. Describe después el terreno, cuyas características son idénticas o muy aproximadas a la de nuestra Calamuchita.

Posiblemente algún calamochano que pasó o se instaló en la hoy región que llamamos Calamuchita, como un homenaje a su comarca nativa, y teniendo en cuenta la similitud existente en ambas regiones, por sus valles, sierras y ríos la denominó CALAMOCHITA, es decir una Calamocha chica, en perfecto castellano.

Pretender desviar hacia cualquier idioma indígena americano el vocablo calamochita, agregándole letras para encajarlo dentro de la fonética o estructura de una palabra cuyo significado se aplica a capricho, como en este caso, creo que sólo se ha llegado a ello por el desconocimiento de que en España existe una región denominada Calamocha.

Gramaticalmente, el señor Presbítero doctor Cabrera establece por su análisis, que Calamuchita indica la presencia de talas, cala y molles, todas estas palabras netamente quichuas (tala: árbol, cala: piedra, y el molle que por la fonética de las distintas tribus se convertía en mulli y muchi). Aclara a la vez “CTALA” puede leerse indistintamente “TALA” o “CALA”, por ser indiferente pues se trata de (Ctalamochita) un vocablo cuya inicial era una consonante doble, “amicha”, que para el oído de los descubridores, ora sonaba “C” ora “T”.

Pero “tala” y “cala” no son sinónimos en quichua. Todo esto, a mi juicio estaba muy bien llevado para llegar únicamente a probar que “Calamocha” en quetchua, indica la presencia de piedras y molles por la similitud que existe entre “cala” y “muchi”, pero nada dice o aclara sobre el diminutivo “chita”, realmente castellano.

La consonante “CT”, que él mismo cita, no existe en el idioma quichua, pues en las gramáticas del reverendo padre Mossi sólo existen doble las consonantes: CC-CH-PH-KC-LL-QQ-TT-y TLL.

Tengo la profunda convicción que monseñor Cabrera al citar esta consonante doble, lo hizo por haberla en algunos viejos documentos de sus valiosos archivos, como yo también la encontré en documentos que se referían a Calamuchita en los Archivos de la Provincia de Córdoba. La acostumbraban a escribir así algunos notarios de la época que desconocían la gramática quichua influenciados quizás por la fonética áspera de su pronunciación por los nativos, y como muy bien dice monseñor Cabrera, sonaba al oído de los españoles “ora C ora T”, creando así una nueva “amicha” o sea la consonante doble, “CT”...”.

Tampoco el distinguido autor Sergio Grigórief en su “Compendio del Idioma Quichua” que comprende “Gramática – Diccionario Quichua – Castellano y Paradigmas del verbo (tablas)”, contiene la consonante doble CT, ya que el mismo las suprime a todas las creadas por el padre Mossi, creando tan sólo una consonante compuesta y que es TJ, y que debe leerse “como la CH castellana, después de la vocal, al fin de la palabra o precediendo una consonante”...

Si este distinguido y eminente historiador hubiera aplicado la definición que hace para Calamochita, relacionándola a Calamayo o Calmayo, lugar muy conocido de la pedanía Monsalvo del Departamento Calamuchita, a mi juicio hubiera sido un gran acierto, ya que la misma encaja directamente: Cala, piedra; Mayo, molle, o sea “Mollar de piedras”.

Ya sé que algunos eruditos en el idioma quetchua pueden rebatirme, diciendo que “Mayo” en dicho idioma significa Río y en tal caso Calamayo o Calmayo significa “Río pedregoso”, como en alguna publicación que leí, así lo definía a este lugar, pero están muy equivocados.

La influencia del puro idioma quetchua peruano, para significar Mayo que corresponde a Río, en castellano, llegó únicamente hasta las provincias norteñas de Argentina, y las regiones del Chaco, así tenemos Chadimayo, Pilcomayo, Intimayo, etc.

Los sanavirones y comechingones (tribus nativas cordobesas) tenían su propia palabra, o sea “Sacate” que significa río, luego Calamayo debió ser Calamolle, que el uso y la costumbre lo ha convertido en Calmayo.

Tengo un profundo respeto por monseñor Cabrera pues lo consideré siempre un gran investigador, de ideas rectamente democráticas a la vez que justo y medido en sus comentarios históricos, pero en lo que respecta al conocimiento de idiomas indígenas me inclino por el reverendo Padre Miguel Angel Mossi autor de las gramáticas quetchuas, las primera editada en Sucre (Charcas - Bolivia) ciudad de la Universidad de Chuquisaca, entre los años 1857 y 1958.

Uno de los pocos ejemplares se encuentra en la Biblioteca Mayor de la Universidad de Córdoba, y la segunda 1889, editada en esta ciudad por disposición del Gobierno de Santiago del Estero, con motivo de la Gran Exposición Universal de París en 1900 donde fuera enviada, y de cuya edición yo poseo un ejemplar.

Se considera esta obra como el trabajo más serio y formal sobre el idioma quetchua, pues su autor, como lo clasifica el Dr. Enrique Udaondo, en su diccionario Biográfico Argentino dice: “fue uno de los filólogos más grandes del siglo y quién además de conocer el Castellano, Latín, Griego, Francés, Italiano, Alemán y Hebreo, llegó a dominar más de cuarenta lenguas y dialectos indígenas americanos, clasificando al quetchua como la lengua más perfecta, la más armoniosa, la más elegantes de cuántas se conocen”.

Al iniciar lo que denomino estos “ENSAYOS TOPONÍMICOS CORDOBESES”, no me lleva ninguna pretensión de erudito en la materia. Reconozco ser un simple aficionado y que puedo estar equivocado en mis apreciaciones, a pesar de haber tenido muy en cuenta y consultado las obras de los autores que cito.

Córdoba, diciembre 1948

(Publicado en diario LOS PRINCIPIOS- Sábado 19 de Diciembre 1948)

Dn. Orencio Julio Correas se recibió con medalla de oro en el Colegio Militar de Argentina, y se retiró con el grado de Mayor al producirse el golpe de estado del General Uriburo en 1930, por su desacuerdo con este episodio. Casó con María Helena Paz y fue yerno y albacea de Dn. Carlos Paz, el creador de la hermosa villa turística cordobesa (Villa Carlos Paz).

Alejandra Correas Vázquez

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