TOPONIMIAS de CÓRDOBA (2)- por Orencio Julio Correas

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TOPONIMIAS de CÓRDOBA (2)- por Orencio Julio Correas

Mensaje  Alejandra Correas Vázquez el Jue Mar 13, 2014 10:49 pm

ASCOCHINGA
COSQUÍN
CALAGUALUMBA  
BARRANCA  YACO


ASCOCHINGA – Palabra netamente quichua: •Asaco”, “Cosco”, “Cusco”, “Cosqui”, y “Cusqui” son sinónimos en diferentes dialectos o derivados del quichua. Y significa perro.

Debo aclarar aquí que monseñor Mossi, en su gramática quichua dice: “y como de la palabra Cozco, que significa ombligo, según Garcilazo (príncipe Inca Garcilazo de la Vega capitán de tropas españolas en Italia), se ha puesto nombre a la Capital del Reino Tahauntinsuyo, es decir, es decir de las cuatro provincias o departamentos en que se dividía todo el Perú en tiempos de los Incas, por estar como ombligo en el centro”...

(Como se ve, Monseñor Mossi no se hace responsable de tal traducción, posiblemente porque no estaba de acuerdo con Garcilazo, pues de otra manera la hubiera hecho directamente suya, a una palabra tan común en el quichua)

Asco, fue más común ente las tribus de Santiago del Estero, empleándola también los Sanavirones y Comechingones, de la provincia de Córdoba, aunque estos dos últimos emplearon más el cusco y cusqui.

Y al citar el quichua que hablaban (y hablan todavía) las tribus de Santiago del Estero, lo hago porque es al que se debe tener más en cuenta, conjuntamente con el que hablaban las tribus de Tucumán en razón de la influencia que ellas tuvieron por el contacto directo con los sanavirones y comechingones, de la provincia cordobesa, los cuales adoptaron más del sesenta por ciento de sus vocablos.

Debo hacer conocer que he tenido muy en cuenta la traducción correcta y gramatical que hace el conocido erudito en este idioma Señor Sergio Grigórieff en su “Compendio del Idioma Quichua”, que dice: “AJKO (allco). En Santiago del Estero ajko significa perro, can”. No puede dudarse de la corrección de su escritura y el sonido fonético que este autor hace de la palabra “perro”, pero es el caso que él, como lo manifiesto, es un maestro de Gramática Quichua y sabe interpretar debidamente esa fonética que la masa del pueblo, (analfabetos y letrados), ignoraban e ignoran hasta hoy.

En mis muchas consultas que hice a personas de todas las clases sociales de Santiago del Estero y Tucumán me dijeron que la palabra “perro”, se pronunciaba •asco”, tal cual se escribe la palabra “asco” en castellano (que significa también repugnancia). Algunas de estas personas me aclararon a la vez que para pronunciar esta palabra correctamente había que darle un sonido áspero y gutural que muy pocos santiagueños o tucumanos en la actualidad lo sabrían hacer, por lo que debía pronunciarse como era la costumbre, es decir “Asco”.

Me imagino que quien le dio el nombre y escribió “Ascochinga” no conocía perfectamente el idioma quichua y tradujo tal como lo entendió, y como en la actualidad figura. La falta de escritura es el motivo de estas corrupciones, pero en el presente caso no puede haber duda alguna del significado a que se llega. De ajustarse debidamente a las exigencias gramaticales no podría efectuarse ningún estudio toponímico pues más del noventa por ciento de las palabras de los idiomas indígenas han sido mal traducidas.

“CHINGA” – Pertenece al verbo quichua “Chingar”, (perder, errar o fallar). Aún en nuestros días es muy común en las regiones del centro y norte de Argentina, oír el término “se chingó” por “se perdió o erró”.

Luego Ascochinga, a mi juicio y a juicio de muchas personas entendidas de Santiago del Estero y Tucumán, con quienes traté de aclarar esta traducción es: “perro perdido”.

COSQUÍN – Palabra quichua con diminutivo castellano y que su denominación toponímica corresponde a perro chico o perrito. Pudo ser originariamente “Cosquín” o “Cusquín”, que son sinónimos, como lo detallo al tratar la palabra Ascochinga, que antecede, en lo que respecta a perro.

UNQUILLO – Palabra quichua con diminutivo en castellano, y que traducida literalmente resulta: Una chica onca. Sanguijuela chica, en castellano.

Los españoles clasificaban sí al Choncaco o Chuncaco por desconocer esta palabra y porque cometieron el error de creer que éste era el hijo o crío de la sanguijuela, siendo que ambos son muy diversos.

La “Unca” u “Onca”, (sanguijuela), cuando es chica se denomina en quichua , Pichi Unca o Pichi Onca., pero también se forma la contracción de estas palabras, resultando pichunca o pichonca.

La “Unca” u “Onca”, (sanguijuela), vive dentro del barro o fango como las anguilas, y se prender a los animales cuando se internan a él para succionarles la sangre que las alimenta.

El “choncaco” o “chuncaco”, también se prende con el mismo fin y de la misma manera a los animales pero son más peligrosos porque pululan en el agua, y al beberla, éstos los ingieren y se estacionan en el bazo e hígado de los mismos, hasta que los mata por consunción.

Su nombre, el quichua lo clasifica indicando esta diferencia de la siguiente manera: la “Cb” contraída con “unca u onca” se convierte en diminutivo que reemplaza al “piche”, resultando así también “sanguijuela chica” pero su terminación “Co” determina que vive en el agua y no en el barro, como la sanguijuela.  “Co” en quichua es agua.

Los españoles o primeros pobladores crearon la palabra “Unquillo”, por lo que manifiesto anteriormente y para que todos supieran que no debía darse a beber a los animales en esos lugares por el peligro que ofrecían los choncacos.

Luego, la denominación toponímica perfecta de nuestra villa serrana cordobesa Unquillo es: Choncaco o Chuncaco.

En honor a la verdad debo manifestar que esta explicación que siempre la he considerado como una gran lección, me la hizo un viejo vecino analfabeto de los alrededores de “Las Tablas”, (Tucumán), con motivo de unos ejercicios militares que efectuamos en esa zona el año 1922 y, con quien tuve el placer de conversar varias veces sobre estos temas, porque dominaba el quichua ya que era un típico ejemplar de la raza nativa con un abolengo indio de varias generaciones, tantas que resultaba ser descendiente directo del antecesor (su chozno) más lejano que él conocía por referencias familiares y teniendo él en esa fecha 78 años de edad.

La palabra “Unquillo” fue el motivo de ese acercamiento con él, pues le pregunté si sabía lo que quería decir, ya que a pocos kilómetros del lugar en que estábamos existe un caserío tucumano con el mismo nombre (Unquillo). Le debo a éste mi viejo amigo circunstancial gran parte de los conocimientos que poseo de toponimia, entre los cuales figura Achala, el de nuestras sierras cordobesas (y su Pampa de Achala a gran altura), que próximamente he de publicar.

Sean estas modestas líneas un sentido homenaje a la memoria de este viejo representante de la raza nativa americana, dentro de los límites que hoy componen nuestra querida Patria Argentina.

TULUMBA – Palabra netamente quichua, pero deformada por el uso y la costumbre.

Su verdadera escritura en quichua es “Tulumpa”, pues existe la contracción de las palabras Tulu (árbol) y Ampa (agua). Su denominación toponímica resulta: “Arbol de la Aguada” o “Aguada del Arbol”.

Tala, Tolo o Tulu, son palabras sinónimas en quichua, significan árbol. La deformación que cito al principio es en lo que se refiere a la “P” de “ampa”, sustituida por la “B”, ya que ni la “B” ni la “V” existen en quichua.

Y aquí encaja perfectamente la misma observación que hace el conocido toponímico don Félix de San Martín en su libro “Neuquén” que dice: “Los oídos de los expedicionarios, poco acostumbrados a las inflexiones de esta lengua, confundían los sonidos, y el labio tendía a castellanizar, o pronunciaba torpemente, lo que aquéllos no habían percibido. Y así el uso ha ido consagrando herejía fonética tras herejía.”

Todas las palabras quichuas en que aparezca “B” o “V” son verdaderas herejías cometidas por los conquistadores o primeros pobladores extranjeros. Y de esto en la Toponimia cordobesa hay muchos ejemplos, como lo iré demostrando.

CALAGUALUMBA – Palabra netamente quichua, pero deformada en su traducción por la fonética. Es una contracción de tres palabras: Cala, Piedra – Lagua, Reyna – Lumba o Lumpa, equivale a Lampa o Lumpa, ya que los nativos las deformaban por su fonéticas, pero que en realidad es Ampa . (Y así nos encontramos también con otra “B”, que corresponde ser “P”, como en el caso anterior de Tulumba).

Resulta así que la traducción toponimia de Calagualumba es: “Ampàlagua de Piedra” o “Piedra de la Ampalagua” o sea de la Reyna del Agua, que es la traducción de este reptil conocido por la serpiente americana.

Para quien conozca las características de vida de este reptil le será fácil comprender las razones que tuvieron los nativos para denominar así ese lugar que ocupa la estancia de “La Paz” cercana a Jesús María del Departamento Colón.

Animal que por instinto y en procura de su alimentación hace del mimetismo un culto, tiene su guarida o cueva entre piedras o árboles semejantes a su color, de tal manera que se confunda miméticamente con el paisaje.

Nunca descansa o pasa por lugares antagónicos al color de su cuerpo que pueda denunciar su presencia. Prefiere las piedras de granito pardo obscuro o árboles de tronco de tronco también obscuro para otear y atraer a sus presas de alimento, y no se aleja mucho de su guarida.

Es lo más seguro, pues que los nativos al denominar así a un lugar de los que ocupa la Estancia citada, lo fue porque existiría allí una piedra que le servía de guarida o descanso a una “Ampalagua”. Tal es su traducción.

BARRANCA YACO - Tomando a estas dos palabras como quichuas resultaría ser: “Warranca” o “Huarranca Yaco”, las que traducidas al castellano resulta: “Mil Aguadas” (Warranca o Huarranca (Mil). Yaco o Yacu (Aguada).

Quien conozca este lugar histórico de la provincia de Córdoba en el Departamento Totoral, descarta la traducción “Warranca” y deja “barranca”, tal como se la conoce hasta la fecha. Por la configuración del terreno es imposible que en él hayan existido ni siquiera tres pequeñas lagunas o aguadas. Puede ser que en tiempos de grandes lluvias se forme algunas pequeña laguna cerca de esa lomada o barranca y de allí se originó el nombre.

Se trata pues de una denominación castellano-quichua, resultando ser “Aguada de la Barranca” o viceversa.

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Como ésta es la segunda publicación que hago sobre estos temas, quiero repetir lo que decía en la anterior: No tengo la pretensión de considerarme ni medianamente erudito en la materia. Soy sencillamente un aficionado que sintiendo inquietudes por la toponimia he tratado de conseguir antecedentes todo los más exactos posible, dentro de las distintas regiones en que me tocó actuar como militar en actividad, y muy especialmente hasta donde llegó la influencia del idioma quetchua, dentro de nuestro país (Argentina), y con miras al estudio de la toponimia cordobesa.

Le debo, pues, a esta circunstancia y a la buena voluntad de un gran número de personas conocedoras y peritas en este idioma los pocos conocimientos que poseo. Eso sí, de las anotaciones comentadas que fui tomando, he extraído lo que pude confirmar entre la mayoría, y me lo corroboraron a la vez obras y escritos de eruditos y maestros consagrados como lo son: Mossi, Lafone Quevedo, Cabrera, Abregú Virreira, Grigórieff, San Martín y muchos otros.

Mayor Orencio Julio Correas

DIARIO LOS PRINCIPIOS –
Córdoba Viernes 31 de diciembre de 1948  


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Comentario y Posdata — La presencia de la “B” suplantando a la “P” quichua es una clara referencia a la llegada (en comienzos de la colonización española, siglo XVI) de gente culta de origen musulmán y lengua árabe, tema estudiado en Córdoba por dos eruditos: el profesor José Elías Guráieb (sirio) y don Juan Yasser (palestino). Precisamente el idioma árabe no posee “P” y su bello alfabeto no tiene una letra para escribirla.

A tan sólo 48 años de la caída del Reino de Granada en manos cristianas, tanto el norte como el centro del territorio argentino, fue recorrido por los colonizadores fundando ciudades. Obedecían con ello las órdenes del nuevo rey Felipe II: “dejar la conquista y comenzar las fundaciones”. De este modo se construyeron las ciudades que hoy lucen su pasado colonial. Fue la década de 1540, y 48 años era la edad que tenían la mayoría de los exploradores. Numerosos moriscos de buen abolengo e instrucción (bautizados con nombres y apellidos castellanos) llegaron a estas lejanas y apartadas tierras huyendo de la Inquisición.

Si recorremos el diccionario castellano advertiremos en él la substitución de la “P” por la “B”, por influencia del árabe, en las palabras como “Cabeza y Cabezal”, para luego recobrar la “P” latina diciendo “Capital y Capitán”.

¿Acaso los primeros apuntes sobre las toponimias, fueron escritos en borrador con alfabeto árabe?

(Alejandra Correas Vázquez)

Alejandra Correas Vázquez

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