CÓRDOBA LA DOCTA
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ESCENAS BOHEMIAS DE CORDOBA - NOVELA (sexta entrega )

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Mensaje  Alejandra Correas Vázquez Sáb Sep 12, 2020 12:44 pm

ESCENAS BOHEMIAS DE CORDOBA
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NOVELA
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por Alejandra Correas Vazquez
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6 – El  Despertar
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—“Buen día... con un beso”— me dijo

—“Bésame a mí. Con los labios. Sin presionar... Suavemente, deslizando la piel”— le contesté

Ahora tenía mi rostro entre sus manos y me besaba. Sus dedos alargados se insertaban entre mis lacios cabellos rubios.  

—“Viviana... extrañé tus palabras. Tu pensamiento. Tu voz. Y hasta tus críticas tiránicas”— me iba diciendo

—“Todo lo que dices me encanta, Miguel. Y los demás también escuchan tus palabras y te creen. Aun yo puedo creerte”— le respondí

—“Siempre con tus dudas hacia mí”— continuó él con voz semidormida

—“Tengo motivos”

—“¿Cuáles?”

—“¿Por qué regresaste, Miguel? O más bien ¿Por qué huiste de ella ... de Ariadna?”— le pregunté

Despertó. Fue incorporándose hasta quedar sentado, y luego se detuvo sin hacer otro movimiento. Fijaba su mirada en mí, como si me descubriese entre los vapores del sueño. Entonces dilató los ojos con sorpresa, o tal vez con terror...

—“¡He mencionado una palabra prohibida!”— exclamé

—“¿Por qué me lo preguntas, Viviana?”

—“Quiero saber”

—“¡Claro!... Te habías alegrado con mi partida! Es claro...claro. Nada te importaba si me envolvían otros brazos, y llegó a extrañarme tu diálogo amable con Ariadna en la Cantina Azul ...Sí... era lo que buscabas ¡Desprenderte de mí! Y por ello te fuiste con premura aquella noche y no volviste en la siguiente”— observó

—“Debías asumir solo esa decisión”— fue mi defensa

—“¿Crees que la asumí o que me llevaron? Alguna vez puedes haberte equivocado”

—“Dijiste, Miguel, que extrañabas mi pensamiento”

—“No por ello tengo que aceptarlo siempre, Viviana”

—“¿Te llevaron, dices?”

—“Sí... por ausencia tuya al no retenerme. Pues claro ¡Yo estaba lejos! Y ya no vendría más hacia ti para separarte de ese mundo que te envuelve, que te tiene cautiva. De esa multitud de amigos que te aparta de ti misma, y te crea una ilusión ficticia”

—“No me respetas. No has comprendido nunca mi mundo”

—“¡Claro!— volvió a gritar Miguel —Yo estaba lejos, entonces ya no brindarías más nada, a nadie, pero irías recogiendo de todos”

Se había recostado nuevamente y hablaba con vehemencia, manteniendo la vista fija en la pared del frente.

—“¡Como te engañas, Miguel! ¿Qué puedo darte yo y por qué buscas mi refugio? ... ¿Y por qué huiste de Ariadna?”

—“Te dejo esa respuesta para que halles la contestación”

—“Sin embargo yo lo sé ¿Qué soy para ti y qué es la Cantina Azul? ¿Qué es nuestra ciudad en tu vida, y tu vida misma dentro de ella? Un ensueño, una forma de no despertar nunca”

—“Desperté a tu lado ¿No es ello real?”— intervino

Pero no continuó hablando. Las luces del mediodía primaveral comenzaban a ser más intensas a nuestro alrededor. Pero no llegaban al interior de nuestros pensamientos.

—“Bien lo sabes Miguel, tu actitud hacia mí, o en la Cantina, sólo es un divagar. Un detenerse en ese instante para intentar congelar el tiempo. Una forma justificada de no enfrentarte, de no iniciar tu vida, de continuar con la primera palabra como el niño prodigio con su clavicordio. No intentas ningún esfuerzo de superación, para crecer”

—“No sigas, Viviana...”

—“Siempre sigues igual. El sol entra por esta ventana todos los días, y desde aquí lo contemplas inmóvil. Estático. Sin ninguna novedad dentro tuyo. Tu refugio es siempre el mismo”

—“¡Cuánta crueldad, Viviana! Niegas mi cariño con pensamientos, con ideas... mentalmente”

—“Te insisto otra vez... dijiste que extrañabas mi pensamiento”

—“Está claro como el agua. Tuyo es el miedo a las emociones, Viviana”— contestó interponiéndose

—“¿Quieres callarte?— reaccioné herida —No destruyas la dirección de mi diálogo, desviándome. Deja por un momento esa habilidad que tienes para destrozar argumentos, llevando la conversación hacia otro lado, al vacío. Por un momento siquiera, debes escuchar sin interrumpirme, para conocerte mejor”

—“Escuchemos...”— opinó él, casi irónico

—“¿Por qué regresaste, Miguel? Por una mujer ...por mí. No es verdad ¿Acaso por apartarte de Ariadna? Tampoco es verdad ¿Por amor? ¿Por cuál amor, Miguel? Por ninguno. Sólo emociones sueltas invaden tu vida. Vivencias. Artificios verbales. Divagaciones trágicas. Extraños senderos torturados. Una vida de artista sin arte. Una existencia de pintor sin pinturas”

Lo miré atentamente. Miguel era una nube, una antorcha fugaz, un desvío.

—“¿Qué repuesta quieres?”— me preguntó decididamente

—“La auténtica ¿Por qué huiste de ella?”


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Alejandra Correas Vázquez

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